EL PERRO MÁS FAMOSO DEL MUNDO

En 1929 se entregaron por primera vez los premios Óscar y en la categoría de mejor actor el más votado fue un perro, de nombre Rin Tin Tin. Sólo la intervención de la Academia impidió que este ídolo de masas canino se alzase con el galardón. No sería ni el primer ni el último animal que ocuparía un lugar en el firmamento hollywoodiense: la mona Chita, Flipper el delfín o la mula Francis desfilaron por las pantallas del mundo entero para demostrar que el arte de la interpretación va más allá de la raza humana. 

 

Pero si hubo un mamífero que alcanzó el estatus de gran figura del cine clásico, esa fue la perra Lassie. Y con todo el mérito del mundo, pues su carrera comenzó en ese estudio en el que había más estrellas que en el cielo y la competencia por un buen papel podía llegar a ser mortal: la Metro Goldwyn Mayer. No en vano estaba dominado con puño de hierro por Louis B. Mayer, un auténtico dictador que controlaba la vida de sus empleados más allá de los platós. 

 

Lassie llegó al mundo como un personaje literario a través de la pluma de Eric Knight. Su novela “Lassie come home”, publicada en 1938, significó un soplo de esperanza en los turbulentos años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial. Hasta entonces la meca del cine había sido una fábrica de sueños. En la MGM todo era fastuoso, desde los decorados hasta el vestuario, por obra y gracia de artistas de la talla de Cedric Gibbons o Adrian, que a través de sus creaciones permitían hacer olvidar al espectador toda la miseria que había provocado la Gran Depresión. Estrellas como la Garbo, Clark Gable, Norma Shearer o Joan Crawford acompañaron al pueblo americano desde aquellos tristes días del crack del 29 hasta el New Deal de Rooselvelt, que convirtió los años treinta en dorados. Una década de puro glamour que culminó con los chapines de rubíes del maravilloso mundo de Oz.

 

Pero Hitler invadió Polonia e incluso los directivos de los estudios se dieron cuenta que el mundo había cambiado. La fiesta del exceso había tocado a su fin y era hora de demostrar que la democracia era mucho más fuerte que el fascismo. Los astros de la pantalla se fueron a las trincheras y lucharon por la libertad tanto en los campos de batalla como en las salas de cine. Películas como “La señora Miniver” hicieron más por la victoria aliada que todos los tanques del mundo, como reconocería el mismísimo Winston Churchill. Justo en ese momento, Lassie hizo su aparición en la gran pantalla. 

 

Corría el año 1943 y en la adaptación de “Lassie come home”, nuestra protagonista se veía obligada a alejarse de sus humildes dueños para llevar una vida de lujo que le era ajena. Finalmente lograba escapar y tras muchas penurias regresaba a los tiernos brazos de su querida familia. Ver reflejado en esta historia el deseo de los soldados por vencer al enemigo alemán y volver junto a los suyos en un mundo habitado por la paz, era algo inevitable y de ahí el grandísimo éxito que esta historia tuvo dentro y fuera de los Estados Unidos. Había nacido una estrella. 

 

Como suele ser habitual, no lo tuvo fácil para hacerse un hueco en las abarrotadas colinas de Hollywood. Al igual que el pueblo norteamericano se había tomado como algo personal elegir a la actriz adecuada para interpretar a Escarlata O´Hara, el casting para encontrar la perra ideal que encarnase a Lassie fue todo un evento. Mas de mil quinientos canes lucharon por el papel protagonista que finalmente consiguió una esbelta hembra. Tan esbelta que cuando llegó la hora de rodar una de las escenas más duras de la cinta, en la que tenía que sortear los peligros de una gigantesca inundación, se negó en redondo a tirarse al agua. No hubo entrenador capaz de convencerla. Misión Imposible.

 

Estar en el lugar y el momento adecuado es un básico en la historia del cine. Eso le sucedió a Pal. Y es que si Pal no hubiera sido elegido como extra para “Lassie come home”, tal vez la película nunca se habría estrenado. Este ejemplar de Rough Collie salvó la situación cuando, tras la negativa de su compañera a rodar la peligrosa escena, se lanzó al agua para realizar una interpretación tan notable que se pudieron ver lágrimas en los ojos del director, Fred M. Wilcox. Como una Eva Harrington canina, Pal había conseguido arrebatar el papel principal a su rival. Lo más curioso de todo es que Pal no era un hembra, sino un macho. Un macho que interpretaría a la perra Lassie durante el resto de su vida. Tal vez el primer caso de travestismo canino en la historia de la humanidad. En palabras de Mayer “Pal ha entrado en el agua, pero ha salido Lassie”.

 

Pal llegó al mundo en California en 1940, descendiente de uno de los primeros perros de su raza, raza que puso de moda la Reina Victoria y que tiene su origen en el siglo XIX a través de la unión de diferentes clases de perro pastor. Desde entonces sus ejemplares destacaron tanto por la belleza de su pelo largo como por su carácter intrépido, que les llevó a protagonizar espectaculares aventuras en la Primera Guerra Mundial. Pal no podía ser menos y desde su nacimiento tuvo la afición de perseguir motocicletas. Uno de sus primeros dueños, Howard Peck, intentó quitarle este mal hábito y contrató a uno de los entrenadores de perros más famosos de Los Ángeles, Rudd Weatherwax, responsable de que Totó caminase con paso firme por las baldosas amarillas. Pal, sin embargo se le resistió, para disgusto de Peck que decidió deshacerse del perro. Weatherwax no sabía que hacer con este amigo tan rebelde y a su vez lo regaló. Pronto se arrepentiría.

 

Rudd Weatherwax era el típico hombre hecho a sí mismo que poblaba la dorada California a la búsqueda de oportunidades que hicieran de él un hombre rico. Por eso cuando escuchó que se iba a adaptar al cine la novela “Lassie come home” se acordó del ingobernable Pal y lo volvió a comprar por 10 dólares. Un negocio más que redondo y es que, como hemos dicho, el macho Pal se convirtió en la hembra Lassie y paseó su imponente figura por seis películas en las que se codeó con los más grandes, desde la ya citada Liz Taylor hasta Jeanette McDonald, Peter Lawford o Elsa Lanchester. En las celebraciones del 25 aniversario del estudio en 1949, ocupó un lugar principal entre el resto de actores, que le consideraban un colega más. Bette Davis, con la lengua siempre afilada, llegó a decir que Joan Crawford se había acostado con todo Hollywood menos con Lassie. Tal vez lo único que le faltó por hacer a este animal, que hasta consiguió tener una estrella en el Paseo de la Fama en el 6368 de Hollywood Blvd.

Pero al igual que muchos de sus compañeros, Lassie sufrió los vaivenes de la moda y en 1951 sus películas ya no daban dinero. Con la misma firmeza con la que puso de patitas en la calle a toda una Judy Garland, el señor Mayer se deshizo del perro más famoso de mundo a cambio de 40.000 dólares que Rudd Weatherwax pagó encantado a sabiendas de que la marca Lassie no estaba muerta. Ferias, rodeos, exhibiciones, giras teatrales por todo el país… Nadie quería perderse la oportunidad de ver en directo a un animal que les había hecho soñar durante años. Por eso cuando planteó a la CBS la idea de realizar una serie sobre las aventuras de Lassie, enseguida se dio luz verde al proyecto. El propio Pal eligió a su compañero de reparto, el niño Tommy Reating, con el que rodó los dos episodios piloto. Esto sucedió en 1954 y Pal ya era un anciano venerable adorado por su dueño y sus millones de fans. Llegaba el momento de un retiro dorado, pero con la serie en marcha parecía imposible. La solución llegó con su hijo, Lassie Jr,, que fue la auténtica estrella durante las primeras temporadas de la serie.

 

Y es que la muerte de Pal en 1958 con 126 años de perro no significó la muerte de Lassie. Tras una profunda depresión, Weatherwax se encargó de que descendientes directos de tan destacado can representasen a Lassie durante las 17 temporadas que duró el show. Lassie Jr., Spook, Baby, Mire y Hey Hey fueron algunos de los miembros de esta abultada familia que tuvieron el honor de protagonizar los capítulos de la serie, la cuarta más longeva en Estados Unidos tras “The Simpson”, “Gunsmoke” y “Ley y Orden”.

 

Para muchos críticos, Lassie tuvo una de las carreras más importantes de la historia del espectáculo. Y tienen toda la razón. De 1943 a 1973, año en el que se emitió la última temporada de la serie, Lassie fue una auténtica estrella que congregó a millones de espectadores en los cines o en los salones de sus casas para hacerles participes de maravillosas aventuras que, como no, siempre tenían un final feliz. 30 años ininterrumpidos en los que su cabello brilló con fuerza para hacer realidad el sueño americano.

 

No olvidemos que Lassie fue uno de los símbolos principales del American Way of Life. Esta Rough Collie llegó a Hollywood desde las Highland escocesas y lo que en sus primeras películas era propaganda del ejército aliado a través de valores como el honor, la libertad o la lealtad, se transformó con el fin de la contienda en algo mucho más cercano. Pasó de ser un símbolo de la aristocracia europea a la encarnación de la perfecta madre estadounidense que cuida de sus hijos.

 

Prácticamente todo el cine americano experimentó esta transición. En los primeros años del sonoro lo principal era la evasión, el brillo que permitiese al pueblo americano evadirse de la cruda realidad. La guerra fue un paréntesis que llevó a una década, la de los cincuenta, en la que a través del cine y la televisión se intentó demostrar que como en América no se vivía en ningún sitio. El glamour seguía ahí, pero ya no se buscaban reinos de fantasía ni ciudades europeas sacadas de viejas operetas, sino paisajes que el público pudiera reconocer. Por este motivo Lassie se mudó de la campiña inglesa que había sido su hogar en la Metro hasta las praderas del medio oeste en las que sus peripecias serían mucho menos épicas. Salvar niños, evitar accidentes domésticos o unir a la familia con su bondad a prueba de bombas fueron a partir de entonces sus principales objetivos. A través de la pequeña pantalla Lassie pasó de ser una estrella inalcanzable a un miembro más de la gran familia americana. 

 

Pasaron los años y las modas y Lassie siguió ahí hasta bien entrada la década de los setenta. Tal vez defender el hipócrita sueño americano no tenía sentido en un país agitado ahora por el movimiento hippie y la guerra de Vietnam y Lassie dejó de ladrar a través de las ondas. Pero poco importaba ya. Ella era un mito, un icono pop que dio nombre a su propia raza. No necesitaba ni protagonizar películas ni series de televisión. Igual que Charlot será eterno, lo mismo sucederá con Lassie. Y no sólo por los descendientes de Pal, que ahí siguen en su décima generación intentando revivir la fórmula con películas y series de escaso éxito, sino como símbolo de un Hollywood dorado que ya no existe pero que a todos nos apasiona recordar.

 

CRAWFORD

Publicado en THE PRINTED DOG 1 - DEC 2014