EL MISTERIO MASCULINO DE PEDRO ALMODÓVAR

En 1939 George Cukor llevó a cabo una de las hazañas más arriesgadas de la historia del cine juntando en su film "The women" a un puñado de divas de uñas bien afiladas. Semejante gallinero, exquisito por otra parte, le supuso al afamado cineasta el calificativo de director de mujeres que le acompañaría de por vida. Cukor, lejos de huir de esa etiqueta, se lanzó a ella sin ambages. Desde Anna Magnani a Jane Fonda, pasando por la inmortal Marilyn Monroe, prácticamente todas las mujeres que significaron algo en el Hollywood clásico pasaron por sus expertas manos, siempre con resultados a la altura del mito.

  

A Pedro Almodóvar, el machego más universal con permiso de Don Quijote, le ha ocurrido lo mismo, sobre todo a partir del monumental éxito que supuso "Mujeres al borde de un ataque de nervios". Ser chica Almodóvar se convirtió en la mayor aspiración que podía tener una actriz, primero en España, luego en el mundo entero. Y es que no a todos los directores les ruega un papel Angelina Jolie.

 

Lo que debería ser un triunfó, una liberación al encontrar un sello distintivo con el que destacar entre sus muchos compañeros, para Almodóvar ha significado una especie de losa, a su pesar.

 

La carrera del manchego es una constante huida hacia delante, una vuelta de tuerca sin final con la que intenta dinamitar el mito de la chica Almodóvar. Prueba tangible de ello es que hace años que esas actrices robaplanos que Almodovar encumbró no aparecen en sus cintas. Loles León o Bibiana Fernández se han visto sustituidas por otros rostros, otros nombres poco o nada asociados al Almodóvar que nos conquistó con sus primeras películas. Todo ello por un motivo que, al menos yo, tengo más que claro: Almodóvar es un perfeccionista, un artista que no se conforma con las etiquetas, que busca siempre la superación.

 

Pedro Almodóvar tiene un olfato infalible a la hora de escoger a sus protagonistas femeninas. En este sentido jamás ha fallado. Incluso cuando ha tenido que renunciar a la primera opción, la sustituta siempre ha resultado perfecta. Pero con los hombres la cosa es muy distinta. Y si no, ¿por qué resulta forzado calificar de chico Almodóvar a un actor? simplemente porqué es un concepto inexistente, o casi.

 

En este punto comprendo perfectamente a mi admirado director, a mí me ocurre lo mismo. Cuando miro a una mujer soy capaz de abstraerme y ver su mundo interior, su fuerza. Con los hombres no. Muchas veces su belleza y magnetismo me deslumbran de tal manera que olvido mirar más allá. ¿Superficialidad? Tal vez, nadie es perfecto.

 

De esta forma, y desde el principio de su carrera, los protagonistas de Almodóvar han sido hombres por los que el cineasta ha sentido atracción física. Así de simple. Repasar la lista nos lo demuestra: Antonio Banderas, Javier Bardem, Gael García Bernal, Miguel Ángel Silvestre, Hugo Silva,... sin duda un ramillete de atractivos actores que a pocos dejarían indiferente. Al igual que Hitchcock escogía a sus rubias con algo más que el cerebro, Pedro Almodóvar hace lo mismo con esos machos dominantes que llevan a sus heroínas por el camino de la amargura.

 

De esta manera por cada película almodovariana que indaga magistralmente en el universo femenino ("Tacones lejanos", "Todo sobre mi madre", "Volver") nos encontramos con otras en las que hombres fatales se convierten en la perdición de todo el que les ama ("La mala educación", "La piel que habito"). Las primeras se cuentan sin duda entre sus más clamorosos éxitos, mientras que las segundas son mucho más discutidas, menos contundentes, lo que sin embargo hace de ellas obras más arriesgadas y personales. Es muy fácil hacer bien lo que uno domina, lo complejo es adentrarse en un terreno farragoso que no se controla del todo. Los hombres son un misterio para Almodóvar, lo que hace de él un cineasta valiente, inconformista.

 

No todo es blanco o negro, y en el mundo Almodóvar mucho menos. En su obra encontramos un tercer sexo. Y no, no me refiero a las transexuales que pueblan su filmografía, sino a esos personajes autobiográficos con los que el director manchego se hace presente en sus películas. Eusebio Poncela en "La ley del deseo" o Javier Cámara en "Hable con ella" no son más que autorretratos del propio cineasta con los que intenta mostrarnos su verdaderas pasiones. Gracias a estos personajes, a los que Almodóvar mima, quiere y respeta, incluso en sus acciones más cuestionables, podemos llegar a conocer su auténtica personalidad. Ellos son los verdaderos chicos Almodóvar. Más que eso, son Almodóvar.

 

 CRAWFORD.

Publicado en CHONGO MAGAZINE #1 December 2012.