UN NIÑO CANTABA CARA A LA PARED

Foto: Pepino Marino

Hemos sido muchos los niños que hemos tenido que inventarnos un mundo imaginario para hacer frente a la incomprensión de los demás. Un reino con la entrada restringida en el que nosotros éramos los soberanos y los súbditos al mismo tiempo. A algunos su imaginación les llevaba a crear esos amigos que la vida real no les concedía. Todos esos niños, incomprendidos por ser gordos, llevar gafas o no jugar al fútbol, somos ahora reivindicados por alguien que ha sido como nosotros y que buscó en su interior lo que fuera era imposible encontrar mientras cantaba no para los demás, sino cara a la pared. Asier Etxeandía fue, como yo, uno de esos niños, pero gracias a su amor por la música, el teatro y la vida, logró salir de su caparazón para convertirse en lo que soñaba en sus horas solitarias: un intérprete.

 

Estrenada primero en el teatro de La Latina, patria de Lina Morgan durante tantos años, “El intérprete” de Asier ha abandonado ese templo castizo para acomodarse en el no menos popular teatro Nuevo Apolo, situado en el corazón de un Madrid que, pese a quien pese, sobrevive. Y es que aunque Asier es de Bilbao, cuyo recuerdo está más que presente en la obra, su bagaje, al igual que el de Madrid, es el fruto de las mezclas más imposibles: Un poco de la Pantoja, una pizca de bolero, un mucho de Liza Minnelli, un cuarto de Madonna, un toque de Bowie y una “jartá” de Robert de Niro, todo bien mezclado en un espectáculo que no deja a nadie indiferente y que, literalmente, agita los cimientos del teatro.

En España, tristemente, estamos poco acostumbrados a estos espectáculos tan personales en los que sus protagonistas se desnudan por dentro, e incluso por fuera, para en la frontera de la realidad y la ficción, mostrarnos lo mejor de su arte. Hay algunos ejemplos, como el de la gran Concha Velasco, que se metió al público en el bolsillo con su “Yo lo que quiero es bailar”, pero son casos aislados. Hay que cruzar el Atlántico para encontrar “tour de force” interpretativos como el de Asier de la mano de figuras como Shirley MacLaine o Liza Minnelli, que, claramente, han influido mucho en este intérprete, aunque dudo que el público de MacLaine lo diese todo bailando con una botella de tequila en la mano y una bandeja de jamón serrano en la otra. Spain is different!

Ver esta rareza es amar, inevitablemente a Asier Etxeandía, sobre todo para aquellos que nos sentimos identificados con él, no tanto por su talento, que es inalcanzable, sino por sus vivencias y sus recuerdos de niño raro encerrado en su cuarto, en su mundo, ya que fuera de él se sentía, como yo, como tantos otros, frágil y a merced de todos esos niños cuya sensibilidad no estaba a la altura. Bendita infancia.

“El intérprete” mira siempre hacia adelante para superar esa edad no tan bucólica, para coger lo mejor de ella y lograr brillar en este mundo difícil en el que lo diferente es peligroso, y por lo tanto, hay que destruirlo. Gracias a Dios, hay personas como Asier Etxeandía que luchan contra los estereotipos y que, con mucho valor, trabajo, talento y tesón logran llegar a ser las personas que habían soñado en sus días más oscuros. Y que consiguen brillar mucho más allá de esa oscuridad. ¡Bravo por él!

Por Crawford.
Foto: Pepino Marino
Foto: Pepino Marino
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