ENAMORANDO AL OBJETIVO

Foto: Pepino Marino
Llevamos bastantes años en este mundo, que algunos llaman farándula pero que para nosotros es nuestra vida. Han sido muchas las personas que han pasado por ella en todo este tiempo. Y es una verdadera suerte, porque estamos hablando de gente con verdadero talento, actores, cantantes, pintores… gente que, sin duda, tienen cosas que aportar. Algunos permanecen aquí cerca, otros se ha marchado, pero todos ellos han dejado algo de sí mismos en nuestro camino. Nuestra forma de trabajar, de pensar y en definitiva, de vivir, no sería lo mismo sin ellos.

Una de esas personas que hemos tenido la suerte de conocer es Úrsula Corberó. Con este nombre tan sonoro está claro que Úrsula nació para ser actriz, para regalarse al público en cada personaje que interpreta. Y es que Úrsula Corberó es una de nuestras actrices con más carácter, de esas que roban planos casi sin proponérselo, y no sólo porque sea bellísima, que lo es, sino porque tiene ese algo especial que convierte a las personas en estrellas. Algo que no se aprende, sino que se tiene o no se tiene, así de sencillo. Y Úrsula anda sobrada.

Cuando uno lee la biografía de las grandes mujeres que alumbraron la pantalla en los años dorados del cine, rostros como el de Greta Garbo o Vivien Leigh, siempre se topa con esa manida frase de que “enamoraba a las cámaras”, lo que no es más que una poética manera de decir que tenían una fotogenia muy agradecida.

Úrsula sin duda, no tiene mucho que ver con estas divas en blanco y negro. Es mucho más natural, más fresca. Es una chica de hoy en día muy alejada de los manierismos de esos mitos, que por otro lado eran maravillosos. Pero si algo tiene en común con todas ellas es que su romance con el objetivo es evidente. Cuando el flash se dispara el rostro de Úrsula sufre una transormación, una especie de comunión mágica que solo las auténticas estrellas pueden experimentar.

De eso sabe mucho Pepino Marino, uno de los fotógrafos que ha sabido captar ese magnetismo que Úrsula irradia y que en sus fotos se traduce en auténticas interpretaciones. Y es que hay muchas Úrsulas escondidas bajo su piel. Tenemos a la Úrsula salvaje, dura, fuerte, como una Beyoncé ibérica dispuesta a sacar las uñas a la mínima provocación. Que duda cabe que también hay una Úrsula glamourosa, al estilo de esas mujeres italianas que conquistaron el mundo en los años cincuenta. No podemos olvidarnos de la Úrsula sexy, que ha vuelto loco a medio país con su boca, su cuerpazo y su forma de caminar. Pero si nos tenemos que quedar con una, elegimos a la Úrsula más dulce, esa persona que para nosotros más que una actriz es una amiga.

Y es que ésta, queridos amigos, es la mejor recompensa que, tras todos nuestros años de estrenos y alfombras rojas, podemos recibir.

CRAWFORD

Foto: Pepino Marino
Foto: Pepino Marino
Foto: Pepino Marino
Foto: Pepino Marino
Foto: Pepino Marino
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